Cómo cambian las cosas. Allá por 2008-2009 (para unos antes y para otros no tanto), no hubiéramos podido siquiera imaginar la clase de cosas que íbamos a lograr con las redes sociales.

 

Hablar de este tema suele ser complicado, complejo e incluso confuso. Existen cientos de enfoques distintos, miles de opiniones y perspectivas, y más importante aún, millones de usuarios transformando cada día el uso y aplicaciones para plataformas tales como Youtube, Instagram, Twitter, Facebook y decenas más que no por menos pobladas, pueden ni deben ser ignoradas.

 

Estas comunidades han sido el suelo perfecto para dar vida a un nuevo ecosistema social que ha venido a transformar la forma de entender nuestras relaciones con el otro y a revolucionar el marketing y la publicidad en el mundo: los “influencers”.

 

¿Qué son los influencers? ¿Son celebridades? ¿Son medios? ¿Son una moda? ¿Son lo mejor que nos ha pasado? ¿Son lo peor? Depende de a quién le preguntemos. Apegándonos a los hechos y no a las opiniones, los “influencers” ó “influenciadores”, son aquellos personajes que, a partir de la combinación de tres, cuatro o un millón de factores, han logrado consolidar una audiencia que los escucha, los siente y sobre todo, confía (casi) ciegamente en ellos. Bastante lógico, si lo analizamos un poco.

 

Aunque el concepto del “influenciador” es bastante nuevo, el concepto de la popularidad no tanto así. Desde el jugador de fútbol americano en la prepa con su respectivo pack de porristas hasta los famosos RPs de los antros, la generación millenial ha estado fuertemente bajo la presión de pertenecer a las más altas esferas del socialité. Con la explosión de, por ejemplo, Youtube y Twitter, comenzaron a aparecer personajes sobresalientes haciendo contenido en una baraja de categorías que no podría ni terminar de enumerar. De alguna manera, los nuevos famosos del internet solían ser personas introvertidas y poco sociables; de aquellos que pasaban las tardes y los fines de semana en la computadora y no en la calle con sus amigas/amigos/amigues.

 

Sin embargo, y volviendo al punto por el que comencé este artículo, es impresionante cómo cambian las cosas. Una app cuyo principal fundamento era compartir video en seis segundos como máximo (descansa en paz, Vine), abrió un universo totalmente nuevo para aquellos que querían compartir, informar o entretener y que no necesariamente tenían una pasión por las computadoras, los programas de edición, el uso de cámaras o la producción de contendido en general. Este cambio en el paradigma del lenguaje digital, permitió justo que aquellos que ya contaban con popularidad en la vida real, pudieran trasladarla a una vitrina mucho más interesante.

 

Si le damos una pensada, es hasta fácil intuir hacia dónde se dirige la industria. Sin ánimos de ofender a nadie, “levantas una piedra y sale un blogger” es el nuevo “levantas una piedra y sale un dj.”

 

¿Qué quiere decir esto para las marcas que invierten presupuestos cada vez más altos en esta rama del marketing digital? Y, ¿qué quiere decir para las audiencias y para los mismos creadores?

 

Probablemente, el día de mañana todos tengamos diez mil seguidores en Instagram o quince mil fans en Facebook. Más probable aún es que temas como la confianza y la influencia tengan mucho menor impacto con el paso del tiempo. Si todo el mundo publica su vida en textos, fotos y videos, ¿cuál será el diferenciador entre un “influencer” y otro? ¿Bajo qué lineamientos las marcas elegirán a los personajes con los que quieran asociarse?

 

La respuesta ha sido, es y siempre será la misma: el contenido. A pesar de que hay muchos creadores innovando y exprimiendo creativamente cada plataforma que tocan, son muchos más los que se han dejado llevar por la tentación de la popularidad. Aquellos que, sin importar el mensaje o el medio para el fin, están concentrados e incluso obsesionados por el número de likes, reproducciones o reacciones que generen sus publicaciones.

 

Ojo, cada quien es libre de tener las motivaciones que deseé, pero no debemos pasar por alto el efecto que este fenómeno está y seguirá teniendo sobre la industria. Al estar pensando más en la popularidad que en la creación, estamos sacrificando la calidad en el producto final, y no hablo necesariamente del impacto moral o ético de algunas tendencias (cof cof, tags y retos). Estamos sacrificando la posibilidad de descubrir todo lo que podemos hacer con estas herramientas, limitando así oportunidades de nacimiento o desarrollo de otras verticales de contenido. Recuerdo a muchos creadores o influencers decirme “gracias a las redes sociales, vamos a poder hacer lo que la tele nunca quiso darnos: cosas chingonas.” Ehmm, ¿qué nos pasó?

 

Si eres creador de contenido o estás pensando en serlo, primero, te felicito. Gracias a estas plataformas podemos tocar una utopía: hacer dinero de nuestros hobbies. Elegir ser un creador de contenido en digital no es, a largo plazo, una elección sencilla. Mucho se menosprecia la labor que estos personajes realizan, y no podrían estar más equivocados. Un creador comprometido trabaja día a día grabando y editando contenido, escribiendo ideas o guiones, elaborando press kits y contestando correos; corriendo a juntas, reuniones y eventos; y todo mientras buscan mantener y mejorar su estilo de vida, negocios propios o sueños como viajar por el mundo.

 

Si eres creador de contenido o estás pensando en serlo, te invito también a pensar en grande y a asumir las responsabilidades que ello conlleva. En tus manos está el poder para llevar este medio a donde quieras llevarlo, de crear lo que no ha sido creado, y de impactar a quien no lo ha sido aún. En tus manos está también el poder para seguir atrayendo a marcas y empresas dispuestas a construir relaciones contigo y con el trabajo que haces. En tus manos está el futuro del influencer marketing.

 

Te dejo una lista de cinco consejos para enfocarte de mejor manera en el contenido y en tus relaciones comerciales con aliados y patrocinadores. Sin importar el tamaño de tu audiencia, el profesionalismo será siempre la llave para abrir las puertas que te hagan seguir avanzando.

 

  1. Define el contenido que quieres hacer. Evalúa tus virtudes y tus defectos y explótalos. Cada día hay más público y más mercado para producciones de nicho o para segmentos muy específicos. No tengas miedo, a final de cuentas, esto funciona más como un maratón que como una carrera de cien metros.
  2. Tienes en tus manos herramientas que nunca nadie antes había tenido. Diviértete, disfruta y asegúrate de que el producto final sea algo que tú misma/o consumirías. Si logras inspirar a tu audiencia, quiere decir que eres capaz de inspirar a los que te rodean, a colaboradores y también a patrocinadores.
  3. Profesionaliza tu trabajo. Elabora una presentación que detalle de manera concisa quién eres, de qué va tu trabajo, tu audiencia target y sus demográficos, los alcances y los escenarios de placement de marca o de producto disponibles para aquellos que estén pensando en invertir. Ofrece opciones distintas para buscar siempre ajustarte a las necesidades de tus clientes. Alguna repisa o estante para integraciones orgánicas, análisis o reseñas de producto, narrativas inclusivas para producciones como sketches y demás. A medida que vuelvas interesante el portafolio de oportunidades, verás sin duda un incremento de oportunidades comerciales para ti.
  4. Piensa más en el dinero como una consecuencia de tu trabajo que un objetivo como tal. La mayoría de personas exitosas está tan ocupada haciendo lo que les gusta, que el dinero, se presenta siempre como recurso. Claro, no es magia, pero con el compromiso y dedicación suficiente, te garantizo que así lo vivirás eventualmente.
  5. Atraviesa tus miedos. No te dejes guiar por cosas como “es que todos están haciendo esto, debería hacerlo también”. Cada quien funciona y piensa diferente y la opinión de terceros nunca debe limitarte. Si lo piensas bien, todos y cada uno de los influencers más exitosos lo son precisamente porque hacen lo que los demás no se habían atrevido a hacer antes.

 

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